domingo, 11 de enero de 2026

RITUAL SUBLIME


 A la memoria de P. R. C. y J.R.F.

Unos instantes privilegiados

Siento como eco frío y seco mis pisadas crujiendo por encima de la grava, que cubre como manto silencioso las raíces de los cipreses solitarios. Avanzo lentamente por el camino angosto. Al fondo tu sudario blanco, reposando encima del mármol de una nueva tumba, acompañado por las cenizas de tu padre. La emoción se transforma en lágrimas de excitación al saber que tú estás ahí. Un ahogo de vacío y a la vez de plenitud no me deja respirar bien y cuando consigo sujetar la ansiedad del momento, me doy cuenta que comienzan unos instantes privilegiados de estar contigo, de estar con vosotros; de despedirte como siempre quise, de ser consciente de un acto solemne, en comunión con tus restos, con parte de lo que ha quedado de ti y sentir que realmente estás a mi lado. Hago un ejercicio de recapitular todos estos años pasados; esa herida cicatrizada trágica que sigue doliendo con cada estado melancólico que rebrota, de vez en cuando, con el paso de las estaciones. Esa brisa fría de invierno emblanquece, aún más, el paño cándido que envuelve tus huesos y pido cogerte, sentir el peso de tu muerte, palpar cada forma de tus restos, imaginando el estado de la materia tal como te encuentras ahí mismo. Conecto con el tímido desprendimiento de tu energía, pasando mi mano por cada forma que sobresale del lino. Tu peso es ligero después de tantos años transformándote en estos vestigios, que ahora siento entre mis brazos. Bajo esa tela liviana que nos separa, te acaricio y cada arista o borde imperfecto de tu cuerpo, me lleva a un recuerdo contigo. Mis sentimientos parpadean a otro ritmo más lento, fijo la vista en el vacío de la tarde y cuando el gemido doloroso y punzante va a aparecer, quito la interjección AY de mi lamento, para seguir adelante, para seguirte en el recuerdo. Es el momento de dejaros reposar en el suelo gélido del interior de un insólito túmulo y yo misma ayudo a empujar el alabastro que os volverá a cubrir y tiro la tierra negra que no tiré, y cubro el mausoleo con pétalos de rosa roja, de margarita blanca y de magnolia púrpura. Vuestro nombre, está ya cincelado en un inédito reposo, y sobre él coloco varias piedras moldeadas por la corriente del agua de río, queriendo recuperar las ausencias.  Esa eternidad de vuestra alma se mezcla con todos mis recuerdos y es entonces cuando lo espiritual y lo terrenal se une, creando una singular forma; un original ente, entre lo etéreo y secular, que nos une para siempre. Os despido con un poema fúnebre, una lectura pausada con el verso que os describe; un ritual sublime para acompañar esta particular despedida y cuando acabo la lectura, me voy alejando de vuestra fosa, escuchando el sonido de los guijarros bajo mis pies. Es entonces cuando una sensación de emocionada felicidad me lleva al llanto y con esas lágrimas sello la ceremonia en honor a vuestra memoria.

1 comentario: